
Del Horno
Hace
unos meses tuve la oportunidad de hacer y vivir una de esas experiencias
que no pasan cada dia y que una vez mas debo agradecer a mi trabajo. A
continuacion voy a relataros un poquito y hasta donde se puede contar,
mi pequeña aventura.
El viaje comienza,
como no, con un largo viaje con transfer en Alemania y destino final a
Seoul, Korea. En el aeropuerto me espera el deejay y la promotora del
Club Circle. El deejay, un tipo bajito, con ropas de colores y unas gafas
enormes de color rosa. ¡Vamos bien...! Ella, por cierto, encantadora.
Una vez situado en el hotel, hago unas llamadas a otros deejay’s que conozco,
aunque personalmente no. Es el momento de cambiar eso; me llevan a visitar
algo la ciudad, debo decir que es mi primera visita a Asia, con lo cual,
todo resulta de lo más excitante, aunque no entienda “ni papa”. Seoul,
ciudad moderna y agradable, al igual que la gente, muy educada y amigable.

Kirk, un deejay canadiense afincado en Seoul, es el guía para mi primer
día. Él me pone un poco al corriente de como es aquello: el club, el público,
la música... Es hora de comer algo y, claro, me lleva a un sitio típico
Coreano & Bar inglés, lleno de americanos. Hay base americana y bien grande,
cerveza inglesa y hamburguesa… ¡Toma ya! Bien, coreano, curiosidad, el
momento que entraron dos tipos enormes, con uniforme PM (policía militar),
momento “de película total”. De ahí me llevan a ver un poco la zona de
bares, tomar alguna copa y para el hotel, que el viaje ha sido largo y
cansino.

Al día siguiente visita turística de nuevo con KiD B, deejay coreano.
Él me lleva a visitar palacios, jardines y un templo budista. Todo muy
bonito e interesante, comida típica de nuevo y, por fin, descanso y después
a trabajar. En la entrada del local, un cartel enorme, luminoso, con mi
nombre, la sala más bien “pijita”, con un muy buen sonido y una parte
central con barra que va dando vueltas muy lentamente. Espero un instante
y de seguida me toca. Nervioso, para variar, preparo mi música y… ¡al
ataque! Rápidamente, detecto que les van los temas con “subidotes”; pues
venga ¡vamos a por “subidotes”! Electro, relativamente fácil, y un poquito
de mínimal.

Tengo que reconocer que me ha resultado chocante estar en cabina, mirar
hacia la pista, y ver que todas las caras son con rasgos asiáticos. Como
decía, es mi primera visita a Asia; la gente bastante agradecida, mucha
sonrisa y en cuanto había algún “parón” o “subidón”, todos silbando y
gritando. He disfrutado de mis dos horas, aunque siempre con un pie en
el freno porque no es un club realmente “festivalero”, sino más bien “pijito”.
Mi primera experiencia como deejay en Asia superada; sin duda me llevo
un buen recuerdo.

SIGUE ->
|
Mi
siguiente destino: China. La ciudad donde tengo que ir se llama Jinan.
Allí he vivido una experiencia que no había vivido en
mi vida. Nada más llegar al centro de la ciudad me siento observado
y veo que unos niños me miran y se ríen; no entendía
muy bien que pasaba, hasta que descubrí que era el único
hombre blanco que había por allí. Sólo recuerdo
ver por la calle a una mujer caucásica en toda mi estancia en
Jinan. Salgo a dar una vuelta y, no digo que todo el mundo me mira,
pero sí gran parte de ellos. China es sencillamente otro mundo,
montones y montones de personas por la calle, caos circulatorio, ruido
de claxon, enormes carteles y ni dios habla inglés.
Sin querer me encuentro con lo que buscaba: callejuelas. Las casas,
en su mayoría recuerdan a las fachadas de los restaurantes chinos
que estamos acostumbrados a ver en España, con sus columnas,
bolas rojas, dragones...

Jinan (China)
Aldwin, el deejay, me recoge para ir a trabajar y, de camino al club,
pasamos por delante de un estadio de fútbol. El partido ha terminado
hace unos minutos y hay mucha gente por la calle, como un mar de cabezas,
y entre esas cabezas… ¡la mía....! ¡Sorpresa! Entre
toda esa gente puedo ver mi foto a un tamaño de unos tres metros,
iluminada por unos focos. Le digo al taxista: ¡pare, pare! ¡Stop,
stop!... Por supuesto, no se entera de nada. Menos mal que Alwin está
allí; no puedo dejar pasar la oportunidad de verla de cerca y
hacer una “fotito” de recuerdo. No ha salido con muy buena calidad,
pero algo es algo...
El club tiene varias salas: un restaurante, una sala con música
en directo, otra con camareras, una sala donde los hombres que van solos
pueden ir a tomar un copa y hablar con las chicas -solamente hablar-,
y finalmente la sala House, la mía. Algo que me llama la atención
es que parece que en la pista haya una barrera invisible; todo el mundo
dentro, de lo que está demarcado como pista, baila igual. La
pista es como un paquete, como si estuvieran todos pegados, aunque acabando
la pista, ya no baila nadie o casi nadie, realmente curioso. El deejay
basa su sesión en sonidos tribales y algún vocal, tomo
nota. Cuando llega mi turno empiezo también con tribales para
ir llevándome a la gente a mi terreno poco a poco con algo de
electro; me presenta un chico que esta en todo momento en cabina, delante
del micro y, muy de vez en cuando, va diciendo algo, ¡a saber
que dirá! Lo único que entiendo es cuando dice mi nombre
y cada vez que habla todos gritan y levantan las manos. A las luces
una chica; en otras ocasiones había pinchado con otras chicas
pero es la primera vez que tengo controlando las luces a una mujer,
al menos que yo recuerde. Poco a poco les voy dejando caer más
electro y, la verdad, se lo comen “con patatas” aunque el deejay me
ha dicho: pon lo que quieras. ¡Tampoco es plan de experimentar!
Todo hay que decir que aunque estoy casi seguro que el 90% de lo que
pongo no lo conocen, no se ha vaciado la pista ni un segundo; ¿no
será que estoy en el paraíso de los deejays?
Cuando acabo de trabajar me llevan a una sala privee y por fin puedo
hablar con alguien, las únicas personas que he encontrado que
hablan inglés son las gogo's y el deejay, claro; también
dos chicas rusas que estudian allí. En definitiva, unas copas
y mañana será otro día.*

Del Horno & Aldwin
Al día siguiente, por la tarde, me recoge Aldwin y me lleva a
ver al Buda sonriente más grande del mundo. ¡Grande no…
tremendamente grande! Fotos de rigor, flipar un poco con el rollo budista
y a cenar. Casa típica con patio, dragones, jardines… ¡Parece
que vaya a salir Bruce Lee en cualquier momento...! Tengo que agradecer
donde me han llevado, porque es un sitio muy bonito, todo y que he comido
tortuga, paloma y otras cosas que no he querido saber que son. De Jinan
fui a Beijing antiguo Pekín. Tres horas de tren en plan AVE y…
¡por fin Beijing! ¡Qué locura dios…! Gente y más
gente por la calle. Como soy un listo intento valerme por mi mismo para
llegar al hotel basándome en un mapa, mapa en chino y no se porque
se han ahorrado poner calles, con lo cual no resulta real del todo.
Después de unos diez minutos caminando, el diluvio universal
en cuestión de pocos minutos ha acumulado un palmo de agua en
el suelo, así que intento coger un taxi.
SIGUE ->
|
En este momento no hay, pero aparece una especie de moto con una caja
detrás y me dice: ¡vamos! Que remedio… "pa dentro". Apenas
sin espacio para mi maleta, los discos y yo. Lo mejor fue la llegada
al hotel, limusinas, coches negros en plan ministro, y yo “más
chulo que un ocho”, llego con mi motocarro.

Pekín
Al poco tiempo, sale el botones a abrirme la puerta y puedo ver a todo
el mundo que se resguarda de la lluvia bajo el porche del hotel, con
la sonrisita en sus rostros al ver al calvo que llega en motocarro,
¿vergüenza yo? ¡Que va! Ha sido una situación
divertida. En realidad, los días que he pasado por Beijing han
sido del típico turista visitando lo visitable y más,
cumpliendo un sueño de viajero: la Gran Muralla China. Otra cosa
más que debo agradecer a mi trabajo; anécdotas unas cuantas,
pero algo me tengo que guardar para mi, por supuesto.

Gran Muralla China
Si no habéis estado en China y tenéis oportunidad de ir,
desde luego os lo recomiendo; eso sí, llevar un diccionario a
mano porque no habla inglés “ni el gato”.
El siguiente destino... Tailandia, en concreto Bangkok. Llego
de noche y sin saber donde voy, solo con la dirección. El dueño
del local me comenta que coja un taxi que me espere en la sala; lo que
no sé yo es dónde está la sala. En medio de todo
puedo ver bares de chicas que fuman, locales de body massage... Me acomodo
en mi suite, esta vez era una suite. No es que sea un chico con clase,
es que allí es todo muy barato. Conocí a Nico, un francés
que vive desde hace años allá y tiene tres salas. A la
que yo he ido a pinchar es más bien un bar musical que una discoteca,
con buen ambiente, gente mayor y casi todos los hombres extranjeros,
y todas las chicas tailandesas… ¿Porqué será?

Cinderella Club
Al día siguiente es cuando me toca trabajar. Llega la hora de
pinchar y al principio me siento un poco "cagadito" porque no había
“ni cristo”. Al cabo de un rato se va llenando hasta la bandera; realmente
me lo he pasado en grande. He pinchado casi toda la noche con la libertad
de poner, única y exclusivamente, lo que me ha dado la gana,
¡Qué gustazo, madre mía! He disfrutado como un enano;
eso sí, solo ha surgido un problema: llegó el momento
de cerrar, ¡lástima!
Como he ido a trabajar durante unas horitas me ha dado tiempo a “currármela”
como a mi me gusta. Empiezo con un poquito de deep con toques ácidos
y de ahi "pa arriba"; electro house, electro más contundente
acabando con minimal fresquito. Todo muy bien la verdad. Cuando acabo
de trabajar me llevan a lo que ellos llaman el after, una sala que abre
a las tres y cierra entorno las cinco o seis de la mañana. Hay
que decir que las leyes son bastante estrictas con los horarios, otra
cosa es que la policía haga cumplirlas. De todas formas, para
que más, si ya estaba todo hecho.
Bangkok
Todo lo pasado de ahí hasta que llego a casa han sido unos cinco
días. El resto queda para mi y la gente que ha estado conmigo.
Solo os diré que, sin duda, es un país al que hay que
volver.
Ricardo aka Del Horno |